martes, 18 de diciembre de 2012

Julio 2010.



"..Habiendo tantas cosas por hacer 
menos traumáticas, 
como hallarle figuras a las nubes,
como ir al cine o no hacer nada.. " 

La bella viviente

    Soñaba con ser la Bella Durmiente, dormir para siempre, cerrar los ojos y no afrontar la realidad, los sueños incompletos, la media naranja que se perdió por ahí un día de lluvia. Caminé hasta la ventana y noté que era un día de lluvia. Estaba horrible, el viento hacía temblar las hojas de los árboles y el frío era insoportable. Un día para olvidar, escuché por ahí.
No puede ser, pensé. Es imposible. Ayer me dormí abrazando la almohada, soñando con mi futuro, con mi presente, pensaba en mi estrella, esa que me prometiste aquella noche, cuando echados bajo la luz de la luna no lográbamos conciliar el sueño.
A mi alrededor, el matiz de lo incierto se apoderaba de las circunstancias, de los proyectos, de la vida. Cansada de jugar, me di por vencida, decidí que ahora iba a ser una Bella Durmiente. Bastante irónico si tenemos en cuenta la infinita cantidad de sueños que la noche anterior azotaban en mi almohada.
Lo único que necesitaba era cerrar los ojos y olvidarme de esa vida, dónde todo me era extraño. Yo no había decidido vivir así, yo tenía otros planesPocas cosas en la vida ocurren tal y como las soñaste. Casi nunca nos detenemos a observar que a pesar de la lluvia, el Sol vuelve a brillar, la vida y Dios nos dan una segunda oportunidad.
Cayó la tarde, me estaba transformando en una coleccionista de lágrimas. Del tipo y forma que puedas imaginar, era una coleccionista de errores sin reparar.
Entonces, el aire comenzó a escasear, no podía respirar. Estaba gritando por ayuda, en silencio. Necesitaba que alguien se de cuenta que conmigo nada convencional iba a funcionar, porque yo ya no pertenecía a ese mundo. Yo era parte de una extraña raza, una que pocos conocían. Una raza que no vivía, una raza que moría en silencio.
Obviamente, nadie escuchaba esos gritos desesperados. Nadie los escuchaba porque en realidad no existían. Después de todo no les va a importar.
Proseguí a cumplir mi última voluntad: dormir para siempre, como la Bella Durmiente.
Justo cuando estaba apunto de cumplir mi fracasado sueño, la misma luz que antes había brillado sobre mi almohada, comenzó a perseguirme, a guiarme. Es extraño, pero sentí que ella me entendía. ¿Una luz? Increíble.
Entonces, entendí que cada lágrima que derramé en silencio, fue en realidad en presencia de la luz, de su luz.
Él me abrazó, y cantó bajo la luz de la luna. Sentí sus manos, me dijo que íbamos a estar juntos para siempre. La luz estaba con nosotros, la felicidad la construiríamos a pesar de la lluvia.
Una fantasía platónica, casi imposible de cumplir. Acepté el desafío, abrí los ojos y mi perspectiva de la vida cambió. Ahora, lucho por lo que más vale, lo invisible a los ojos. Ahora quiero ser una Bella Viviente, su princesa.

Luz. 






sábado, 22 de septiembre de 2012

Basta de té.


Hay muchas maneras de dejar ir,

a veces a un amigo, a veces a un amante,

a veces a uno mismo.

Todos dejamos ir alguna vez,

pero nadie puede asegurarse la sabiduría de dejar ir,

porque es un desgarro interno,

que pocas veces encuentra palabras para salir,

difícilmente se libera, y lleva tiempo, mucho tiempo.

Dejar ir, es recordar todo lo que entregaste,

los momentos, las palabras,

el aire que compartiste, las flores,

y hasta la música invisible de compartir.

Dejar ir es jodido, y nadie quiere.

Así como el planeta gira por inercia,

y las horas pasan porque el planeta gira,

así como existe el día y la noche, el Sol y la Luna,

los comienzos y  finales, así es dejar ir.

Duele, pesa.

Busco las palabras para despedirme del cadáver del pasado,

 y mientras no las encuentro, mientras sigo buscando,

dejo de existir.

Ahora es cuando ni siquiera puedo decir adiós.

Ahora es cuando me encierro una vez más,

acá adentro.